¿Qué indica la “mejor evidencia” sobre los antidepresivos?

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HISTORIA EN BREVE
En los Estados Unidos, 17.3 millones de adultos (el 7.1 % de la población adulta) y 3.2 millones de adolescentes (el 13.3 % de la población entre las edades de 12 a 17 años) padecieron al menos un episodio depresivo mayor en 2017
Los medicamentos antidepresivos, el enfoque más utilizado para abordar la depresión, también se encuentra entre los menos efectivos; a menudo, pueden agravar la situación, en especial cuando se utilizan a largo plazo
Estudios han demostrado repetidamente que los antidepresivos no son más beneficiosos que los placebos para abordar la depresión leve a moderada
Una revisión sistemática realizada en 2017 sobre 131 estudios controlados por placebo encontró que “todos los ensayos tenían un alto riesgo de sesgo” y que su importancia clínica era dudosa
Los antidepresivos son neurotóxicos y sus posibles efectos secundarios incluyen agravamiento de la depresión, autolesiones, violencia, suicidio, mayor riesgo de diabetes, enfermedades cardíacas, ataques cardíacos, derrames cerebrales, demencia y agotamiento de diversos nutrientes (en función del tipo de medicamento)
Según las últimas estadísticas, en los Estados Unidos, 17.3 millones de adultos (el 7.1 % de la población adulta) y 3.2 millones de adolescentes (el 13.3 % de la población entre las edades de 12 a 17 años) padecieron al menos un episodio depresivo mayor en 2017.

La depresión podría interferir en las relaciones laborales y personales, disminuir el rendimiento laboral o académico e influir en la salud física, ya que puede afectar en la capacidad para cuidarse adecuadamente y tomar buenas decisiones en cuestión de salud, incluyendo decisiones sobre sueño y alimentación.

A su vez, los desequilibrios en la alimentación, fluctuaciones de peso y malos hábitos de sueño pueden perjudicar la función inmunológica.

Asimismo, la depresión puede ser fatal, ya que es un factor que puede contribuir al 70 % del total de suicidios. En 2016, 44 965 personas se suicidaron en los Estados Unidos.

Además, la depresión puede promover comportamientos autodestructivos, como el abuso de drogas o alcohol, y el 90 % de las personas que manifiestan pensamientos suicidas experimentan una combinación de depresión y abuso de sustancias.

Por desgracia, los medicamentos antidepresivos, que es el enfoque más utilizado para abordar la depresión, también se encuentran entre los métodos menos efectivos. De hecho, las estadísticas sugieren que, lejos de ser útiles, los medicamentos psiquiátricos podrían agravar la situación.

Según una investigación publicada en febrero de 2017, en los Estados Unidos el 16.7 % de los 242 millones de adultos (entre las edades de 18 a 85 años) incluidos en la encuesta, informaron haber surtido al menos una receta de algún medicamento psiquiátrico en 2013.

El 12 % informó haber utilizado algún antidepresivo; el 8.3 % usó ansiolíticos, sedantes e hipnóticos; y el 1.6 % utilizó antipsicóticos. Ya que casi el 17 % de la población adulta en los Estados Unidos toma medicamentos psiquiátricos, sería prudente evaluar cuales son las mayores repercusiones del uso de este tipo de medicamentos.

Desafortunadamente, las estadísticas contraindican su uso de forma abrumadura; no obstante, siguen siendo la principal forma de tratamiento.

Libro Medication Madness: un psiquiatra expone su punto de vista
Hace poco la galardonada periodista de investigación, Sharyl Attkisson, entrevistó al psiquiatra y director del Centro Internacional de Psiquiatría Orientada al Paciente, Dr. Peter Breggin, durante un segmento de su programa televisivo “Full Measure”.

Muchos lo conocen como “la conciencia de la psiquiatría”, ya que, a principios de los años 80, contribuyó a evitar el regreso de la lobotomía como tratamiento psiquiátrico.

De igual manera, Breggin es el autor del libro Medication Madness, en la que detalla los múltiples peligros de los medicamentos psiquiátricos. En sus 50 años de práctica, nunca prescribio estos medicamentos a ningún paciente.

De hecho, se especializa en que las personas dejen de utilizarlos, y escribió un libro sobre la suspensión del uso de medicamentos psiquiátricos, Psychiatric Drug Withdrawal: A Guide for Prescribers, Therapists, Patients and Their Families.

Cuando se le cuestiona su opinión sobre las personas que no saben y deberían estar informadas acerca de los tratamientos psiquiátricos, Breggin responde “desconocen que todos los medicamentos psiquiátricos consisten en neurotoxinas. Desconocen que no corrigen los desequilibrios bioquímicos, sino todo lo contrario”.

Prozac fue el primer inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS), aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos en 1987.

A lo largo de los años, Prozac se convirtió en el objetivo de diversas demandas, ya que los pacientes padecieron todo tipo de efectos negativos, desde defectos de nacimiento hasta el suicidio y síndrome de la serotonina, un padecimiento causado por un exceso de serotonina en el cerebro, que provoca nerviosismo, confusión, presión arterial alta, entre otros.

En 1996 ya se habían presentado 35 000 quejas sobre el medicamento ante la FDA. A principios de los años 90, un tribunal federal nombró a Breggin como la autoridad médica y científica para atender a las partes demandantes en todas las denuncias combinadas que enfrentó Eli Lilly con respecto a Prozac, un cargo que le otorgó el acceso a los registros corporativos. Breggin le expresó a Attkisson:

“Prozac… tenía efectos de anfetamina. El jefe de los investigadores señaló y escribio, “este medicamento tiene efectos similares a las anfetaminas. Por lo tanto, necesita indicarse en la etiqueta.

Puede agravar la depresión, inquietar a las personas, irritarlas, elevar la tasa de suicidios; sin embargo, la FDA no permitió que la etiqueta llevara los efectos adversos que señalaba el jefe de los investigadores.

Así que, desde el inicio, la situación estaba destinada al desastre. Y en relación a su utilidad, hice una investigación en la que analicé cuidadosamente las estadísticas y expuse que, de hecho, el medicamento no funciona. Así que, podría proporcionar el mismo nivel de beneficios que un placebo.

El placebo podría beneficiar entre el 40 y 80 % de las personas, lo cual es significativo, en especial cuando hablamos de depresión, porque este padecimiento no es un desequilibrio bioquímico. Sino que produce una sensación de desesperanza. La depresión es parte de la experiencia humana”.

En la opinión de Breggin, “no hay un tratamiento médico prometedor y probablemente nunca lo habrá”, por la sencilla razón de que la depresión se basa principalmente en la complejidad de las emociones y experiencias humanas.

Considera que uno debe evitar los hábitos anestésicos y evasores de la realidad, como el uso de drogas y alcohol; en cambio, debe implementar estrategias para promover la salud de su función cerebral, a fin de “poder lidiar con sus problemas”.

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