La realidad de los cuidadores, de hijos o hijas que en un punto de su vida tienen que hacerse cargo de sus padres . Lo mínimo que esperamos es que el resto de la familia nos apoye,desgraciadamente esta necesidad no se ve en las familias con esta problemática. Lo cierto que la responsabilidad recae sobre la hija o el hijo y el resto ponen su granito de arena en la medida que quieren, no que pueden. Jamás se podrá comparar quien cuida hasta la muerte que aquel o aquella que tan sólo llama o viene una vez a la semana o cada dos semanas. Y lo lamentable de ello que encima que son los menos afectados por la enfermedad y el cuidado acaban las relaciones. Los cuidadores siempre seremos los que salen acusados de vividores,de no haber hecho nada, de vivir al respaldo del viejito o la viejita, acusados de mil y una mentira por parte de familia y demás hermanos. Incluso hay cuidadores que tienen tan malos hermanos que cuando muere el familiar los hermanos los sacan de la casa. No hay peor injusticia que recoger después de años de cuidar la indiferencia, el silencio y el olvido de quien fué tu propia sangre. Hoy en día los que hemos pasado y vivido esta realidad podemos decir con todo el peso de la verdad que el Alzheimer destroza y se lleva dos vidas: el enfermo y el cuidador.

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