Una Ciencia Nueva….Redox..

0
130
views

Una Ciencia Nueva

La ciencia que ha emergido en los últimos 6 años ha demostrado firmemente que el equilibrio químico de los pequeños mensajeros reactivos redox es esencial para el proceso de sanación y regulación del sistema inmunológico. Estas pequeñas Moléculas Reactivas “Redox” participan en el mismo acto de equilibrio homeostático que se lleva a cabo dentro de la célula para mantener la cantidad justa de varias proteínas.

Estos mensajeros “redox” se crean en su mayoría, en la mitocondria de las células, y como su producción es constante, también son desechados constantemente mediante una variedad de enzimas protectoras (casi siempre denominadas “antioxidantes”) que están apostadas estratégicamente dentro y fuera de la célula.

Examinemos más de cerca estos mensajeros reactivos “redox” por un momento. Están hechos de reacomodos sencillos de los átomos en el H2O, NACI y el N2 que quedan unidos por complejos moleculares especiales en la célula. Algunos ejemplos de las moléculas de señales redox son H2O2, HO2, HOCI y NO. Aproximadamente la mitad de los mensajeros “redox” pueden clasificarse como “oxidantes” y, de manera equitativa, la otra mitad puede clasificarse como “agentes reductores”. “Agente reductor” es un sobrenombre rebuscado que hace referencia a la contraparte química de los oxidantes.

En la literatura sobre el tema no se habla mucho sobre los “agentes reductores”; de hecho este sobrenombre se utiliza para poder hablar acerca de este grupo de moléculas en el presente artículo. De cualquier forma el concepto básico le resulta muy familiar a químicos y físicos. Las leyes de conservación de la carga, la masa y la energía dictan que cada vez que un oxidante se forma a partir de una solución neutra, un reductor o una combinación de reductores, debe crearse a manera de compensación. Los agentes reductores deben estar equilibrados con los oxidantes. La habilidad que tienen las moléculas resultantes para oxidar o reducir moléculas dentro de su ambiente se denomina potencial “redox”, un participante y motivador clave en todas las reacciones químicas que se presentan en la naturaleza.

¿Qué significa Redox?

El nombre “redox” proviene de la capacidad que poseen estos mensajeros para “Reducir” y/o “Oxidar” las moléculas en su entorno. Reducción y oxidación son términos químicos relativos al potencial de las moléculas para “entregar” (oxidar) o “aceptar” (reducir) electrones desde y hacia otras moléculas en su ambiente. Como ya se ha mencionado, todas las reacciones químicas que ocurren en la célula dependen de este potencial redox. Los mensajeros redox tienen la habilidad de cambiar el potencial redox en su entorno, alterando así las reacciones químicas que se llevan a cabo. Tanto los oxidantes como los reductores fuertes pueden ser dañinos y destructivos para la célula si se les permita andar de aquí para allá a voluntad.

Los oxidantes, en particular, se han ganado una reputación muy mala; muchos radicales libres con mucha energía: electrones sin paredes que hacen pedazos todo lo que toquen (como si fueran pequeños cañones moleculares). Los oxidantes dañan el ADN, agujeran la membrana celular, destruyen proteínas importantes etc. Los agentes reductores también son peligrosos: causan destrucción al quitarle electrones a las moléculas (con ferocidad de pequeños tiburones moleculares). Hay que dejar en claro que los agentes reductores no son antioxidantes. Los reductores son simplemente la contraparte química de los oxidantes (como los ácidos y las bases). Los antioxidantes por otro lado son un tipo de molécula orgánicas mucho más grandes que se producen mediante códigos genéticos y actúan como catalizadores con la capacidad de facilitar los procesos químicos contrarios necesarios para “desligar” y neutralizar tanto a los reductores como a los oxidantes. Los ciclos antioxidantes requieren de ambos oxidantes y reductores, para poder trabajar correctamente.

Concentrémonos con los antioxidantes por un momento. Los antioxidantes han sido considerados desde siempre como los héroes de la célula, ya que pueden descomponer los dañinos oxidantes atrayéndolos y neutralizándolos en combinación con los reductores, dejando a su paso sólo moléculas de agua salina, comunes e inofensivas. Durante el ciclo de un antioxidante (proceso que puede ser complejos e involucrar muchos pasos), oxidantes y reductores son neutralizados, pero el antioxidante permanece sin cambios, listo para repetir su trabajo con el siguiente grupo de oxidantes y reductores. En este sentido, el antioxidante es un catalizador que acelera la neutralización de los oxidantes en combinación con agentes reductores, pero él no sufre ningún cambio. Podemos imaginar a los antioxidantes como una caja negra donde entran oxidantes y reductores con capacidad reactiva y potencialmente peligrosos, para salir convertidos en inofensivas moléculas neutras de agua salina.

Irónicamente, los oxidantes -que desde siempre han sido vistos como los villanos- ahora son considerados actores protagónicos en el funcionamiento saludable de las células. En fechas recientes descubrimos que no seríamos capaces de vivir sin los reductores y oxidantes reactivos. La verdad sea dicho, estas pequeñas moléculas reactivas desempeñan un papel absolutamente esencial como mensajeros en nuestras células y tejidos. El aspecto más crítico del equilibrio saludable de los mensajeros redox está en que los oxidantes y reductores deben ser producidos y eliminados en proporciones iguales y en perfecto balance. Mientras haya proporciones equitativas de oxidantes y reductores en el interior o exterior de la célula, los antioxidantes podrán neutralizarlos a la misma velocidad a la que están siendo creados. Como ya lo hemos comentado, los antioxidantes necesitan proporciones iguales de oxidantes y reductores para poder funcionar.

En el caso de una molécula bastante grande como es el glutatión un antioxidante que nuestras células producen en abundancia, su gran boca atrae un reductor hambriento de electrones y luego atrae un antioxidante para que finalmente conducir a ambos al “sitio activo” en el centro. El sitio activo, el reductor y el oxidante se combinan, quedando ambos neutralizados. Las moléculas inofensivas resultantes se alejan flotando. Entonces el antioxidante está listo para hacerlo todo de nuevo. Si hay un amplio suministro de reductores y oxidantes a su alrededor, una molécula antioxidante puede neutralizar 10 millones de moléculas oxidantes por segundo, según se ha medido en el laboratorio.

Los antioxidantes son producidos, enviados y posicionados intencionalmente alrededor de las áreas de las célula, como por ejemplo el núcleo que son vulnerables al daño oxidante. Conforme los oxidantes y reductores se acercan en proporciones iguales a estas áreas protegidas, los antioxidantes que las protegen los toman y los neutralizan. Los antioxidantes son, por lo tanto, capaces de mantener estas moléculas reactivas potencialmente dañinas lejos de las áreas protegidas y cercarlas para darles un buen uso. Como resultado, el sistema inmunológico usa grandes cantidades de dichos oxidantes, junto con enzimas demoledoras fuertes, como arma predilecta para defenderse de la invasión de bacterias y virus dañinos. Los invasores no tienen oportunidad contra estas armas potentes. Una vez que las enzimas y los oxidantes separan y destruyen a los invasores, los antioxidantes que hacen guardia a su alrededor y otras enzimas limpian el tiradero, las toxinas y los peligros.

La clave para entender cómo este proceso de equilibrio redox ayuda al cuerpo a sanarse a sí mismo se obtiene al considerar lo que sucede cuando las células se dañan o se vuelven defectuosas, por una u otra razón. En todo el interior de la célula ocurren miles de procesos distintos que involucran miles de proteínas diferentes. Cuando algo no funciona bien, ¿Cómo detecta la célula el daño? La respuesta estriba en el hecho en cuanto el equilibrio homeostático normal de la célula es perturbado, en alguna parte de la célula puede haber una sobreproducción o deficiencia de la cantidad normal de proteínas. Hay una gran probabilidad de que se llegue a un punto de que este creciente desequilibrio ocasione que el metabolismo de los azúcares sea menos eficiente. Cuando esto sucede hay un desequilibrio en la producción de mensajeros redox en la mitocondria, por lo cual se producen mucho más oxidantes que reductores, o viceversa. En otras palabras, el daño se manifestará como una sobreproducción de oxidantes o reductores. A esto se le llama “estrés oxidativo” y es un fenómeno real (puede verse en un microscopio) que sucede en casi todas las células defectuosas o estresadas, tanto en plantas como en animales.

Un desequilibrio de los mensajeros redox, que suelen manifestarse en la forma de estrés oxidativo, envía una clara señal de que un daño a ocurrido en alguna parte y que la célula está defectuosa. El exceso de oxidantes no esta equilibrado por los reductores y los antioxidante no pueden neutralizarlo eficazmente. Estos oxidantes terminan provocando aun más daño a otras partes de la célula. Esta clara señal de ayuda provoca que el ADN codifique un llamado para “el equipo de mantenimiento” y envíe mensajeros citoquina para alertar al sistema inmunológico. Si este desequilibrio (estado de estrés oxidativo) no es corregido por el equipo de mantenimiento, los oxidantes seguirán aumentando. Entonces, un par de horas después, la célula dañada comienza un “suicidio celular programado” en cascada (apoptosis) que concluirá con su muerte y desmantelamiento. Esto no es algo malo. Las células saludables a su alrededor serán entonces capaces de dividirse, con el fin de ocupar el lugar vacío. A escala microscópica, ésta es la esencia del proceso de sanación.

El estado de estrés oxidativo en una célula estresada o dañada también provoca que el ADN codifique un llamado para que se envíen mensajeros a las células vecinas y las alerten sobre su estado. Los mensajeros redox también pueden usarse como mensajeros intercelulares de este tipo. Si la célula dañada, como en la que encontramos en los tumores, no es capaz de matarse, entonces las células sanas vecinas enviarán de vuelta mensajeros que advierten sobre la “zona de muerte”, así como mensajeros para alertar del peligro al sistema inmunológico, que provocarán que muera la célula dañada o que sea atacada por el sistema inmunológico. Este sistema es usado regularmente para detectar y destruir todas las células dañadas y disfuncionales en el cuerpo. Hay que recordar que aun cuando trillones de células son detectadas y eliminadas con éxito, el no detectar tan solo una célula disfuncional es suficiente para que comience a gestionar un crecimiento anormal.

La sanación constante mediante el cuerpo sano.

La vida tiene gran capacidad de recuperación. Incluso un ataque constante, es capaz de arreglarse más veces de las que consiguen descomponerla. Esto es especialmente cierto en el caso de las células dentro de nuestro cuerpo. Las micro máquinas que sostienen la vida dentro de nuestras células se descomponen a cada momento. Ninguna es impredecible y todas pueden remplazarse con facilidad en tanto el ADN sea capas de codificar la petición para que más de ellas sean producidas. Sin embargo, el ADN sufre un desperfecto, necesita ser arreglado antes de que la célula de divida y se replique el ADN dañado.

Esto podrá sorprender algunos, pero el ADN se daña millones de veces por segundo dentro de cada célula de nuestro cuerpo. Las moléculas reparadoras de ADN están ocupadas todo el tiempo, componiéndolo en la célula. Viajan a lo largo del ADN en busca de daños, y casi siempre pueden arreglarlos. Como medida de supervivencia, el código del ADN es escrito en muchos sitios; es redundante. Las moléculas reparadoras usan este código redundante como modelo para reparar el ADN dañado. Cuando partes importantes del ADN no pueden ser reparadas, entonces la célula no puede producir las proteínas que necesita para mantenerse en equilibrio. Es así que ocurre el estrés oxidativo y que toda la célula disfuncional es detectada y eliminada. Ya hemos dicho que las células individuales no son imprescindibles y pueden ser reemplazadas con facilidad.

El proceso constante de reemplazar la maquinaria celular dañada es fundamental para mantenernos sanos a nivel celular. Y si lo piensa un poco también es fundamental para mantener nuestra salud a gran escala. Las células se unen para formar tejidos, los tejidos se unen para formar vasos sanguíneos, órganos, huesos, músculos,etc. Es el esfuerzo de colaboración entre trillones de estas células, lo que nos mantiene sanos. Si perdemos nuestra salud, siempre puede atribuirse a que un grupo de células ha sido dañadas, o no están funcionando adecuadamente. Los esfuerzos constantes de reparación que se llevan a cabo a nivel celular son esenciales para nuestra salud. Sin estos esfuerzos constantes de reparación, no sobreviviríamos por más de unas cuantas horas.

Fuente: Libro: “La Ciencia de la Sanación Revelada”. Nuevos Descubrimientos de las Señales Redox. pag. 29-35 Autor: Dr. Gary L. Samuelson, Médico, Físico y Atómico por la Universidad de Utah.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here